jueves, 18 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2009: AMOR SIN EPITAFIOS

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 AMOR SIN EPITAFIOS 

Aquel hatillo de cartas que nunca guardé
en cajas recónditas de armarios confidentes.

El mechón surrealista que no quise
alojar para siempre en mi cartera….

Fotografías sin cámara al atardecer
que hubiesen acotado algún paisaje
en álbumes con lomos de ictericia.

La rosa trágica que no ha servido
de cadáver en un libro de poemas
y el anillo que no te regalé
con una grabación imaginaria.

No tenemos nada que devolvernos.
No dejaremos indicios que nos comprometan
y, al cabo de unos años, podremos
negar que nos quisimos.

Esteban Torres Sagra
JAÉN
(III Antología pág. 13)

miércoles, 17 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2009: TE LO DEJO ESCRITO

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 TE LO DEJO ESCRITO

Por primera vez, me enfrento a tus ojos vacíos.
Tus manos tiemblan tímidamente, entrelazadas sobre tu regazo.
Hebras de cabello lloran sobre tus hombros caídos.
En tus labios se dibuja casi imperceptible, una mueca congelada.
-¿Sabes quién soy mamá?
Como única respuesta, tu mano de ámbar atrapa un poco de aire.
-Mamá, ¿sabes quién soy?
Esta vez, masticas las palabras que nunca más me dirás.
Del bolsillo de tu vieja bata, surge un pedazo de papel raído.
“Te quiero, por si algún día me olvido de decírtelo, te lo dejo escrito”.

Elena Jodar Lorite
BARCELONA
(III Antología pág. 11)

martes, 16 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2008: LA SEÑORITA

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 LA SEÑORITA

La señorita era bajita, con el vientre abultado,
sin cintura apenas, prominente el tozuelo, fondona la barbilla.
Calzaba botas de media caña,
cubriendo unas piernas gruesas, algo zambas,
anadeando al caminar.
Sin embargo, todos en el cortijo la queríamos.
La señorita nalgueaba sin aviso de un lado para otro,
sin aviso se iba al corralón
o traveseaba fuera, por el camino grande.
Así también le vino la muerte, sin aviso.
Se había metido en la cama temprano, desganada, con fiebre,
y cuando cantaron los gallos ya tenía la sonrisa helada.
Mi madre dijo que, dentro de lo malo,
se había ido sin darse cuenta.
La señora, llorando, la contradijo:
-No creáis, no. La señorita, a su modo, algo sabía.

Manuel Terrín Benavides
ALBACETE
(II Antología pág. 15)


lunes, 15 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2008: NADA QUE VER

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 NADA QUE VER

Cada mañana ella se levanta y despierta a las chicas.
Él sale con el perro.
Las niñas bostezan, se pelean por el baño,
desayunan,se les hace tarde, por fin salen.
Él regresa con el perro. Se afeita.
Todavía hay tiempo para el sexo a la carrera. Antes del café.
Ella sabe cuándo y cómo ha de lanzar el gemido.
Lo importante es que él termine más rápido,
mientras ella repasa las tareas del día.
Salen juntos en el auto. Él la deja frente a la oficina y sigue.
Después del trabajo no la recogerá: tendrá una reunión larga.
Lo mismo ella, por el nuevo proyecto.
Ambos saben que él estará con otra y ella con otro.
Pero cuando vuelvan para revisar las tareas de las hijas
y darse el beso de buenas noches, se sentirán a gusto.
No como la emigrante de caderas azules por el frío,
esperando a clientes en la esquina.
¡Cuándo por fin echarán a esas putas!

Kadrinka Kadrinova
SOFÍA (Bulgaria)
(II Antología pág. 13)

viernes, 12 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2008: INFANCIA

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 INFANCIA

Yo tuve una infancia pequeña.
Yo tuve una infancia de nidos.
Bajo los aleros, en troncos secos, en las ramas altas.
Yo tuve una infancia de pinos sangrando resina.
De álamos con viento, chopos en hilera,
montaraces encinas. Y cipreses.
Yo tuve una infancia de agua. El Duero, el canal,
el arroyo, las fuentes, los pozos, la presa, el molino...
Yo tuve una infancia de barro y de hielo.
En las noches de invierno se helaban los charcos
y el agua en los baldes, se helaba el arroyo...
Yo tuve una infancia de juegos sin juguetes,
muchos sueños y algún libro viejo.
Yo tuve una infancia de escuela de niños.
De rezos, de cánticos.
Yo tuve una infancia de domingos y fechas señaladas.
Una infancia de ruinas, un pasado que todos callaban
y un futuro lejano como los yesos
que brillaban al sol en los páramos.
Una infancia pequeña y castellana.
Un día abandoné el pueblo y dejé en él,
olvidada, mi historia.

Jesús Manuel Pico Rebollo
SABADELL (Barcelona)
(II Antología pág. 11)


jueves, 11 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2007: VEJEZ

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 VEJEZ

El tictac del reloj.
El traqueteo del tren.
El chirrido de un somier quejándose rítmicamente.
El ruido de unos pasos sobre el piso de madera.
El gotear de un grifo mal cerrado.
El ir y venir de las olas del mar.
El golpear de un martillo clavando el clavo.
El bandeo de una ventana mal cerrada.
Sonidos intermitentes en mi memoria
en un momento vital en el que
debo reinventarme, huir de la sensación
de repetición que me rodea.
Mi alma se ha vuelto de agua
ahora que cumplo ya muchos años,
mis dedos no tienen la precisión de antaño,
no son capaces de aplicar la fuerza exacta
para que la cáscara de la nuez se rompa por donde debe.
El tiempo me dio la vuelta.
No me ignores, interprétame,
se capaz de leer que este cuerpo seco por fuera
encierra ríos infinitos de agua.

Esther Landa Samper
ZARAGOZA
(I Antología pág. 17)


miércoles, 10 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2007: EL ÚLTIMO LATIDO

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 EL ÚLTIMO LATIDO

Llegará una mañana de navegar el último pasillo y abrir la última puerta. Será domingo y habrá un vaso de vino y el inefable goce de la novena sinfonía; habrá el dolor callado de una esposa, las inevitables lágrimas de un hijo. Vaciaré el corazón y los bolsillos para flotar sin lastres, alguien se ocupará de mis poemas y de ordenar las magras pertenencias. Querré saber si hay sol, si en la calle se oye volar el viento; al fin, ya al margen de relojes, brújulas y calendarios, respiraré un licor de casuarina y sauce entretejiendo trébol sobre mis limoneros.
Retomaré el adagio con aquellos cangrejos en la playa de mis bisabuelos, abriré mi tatuaje a las gaviotas y haré sombra a la sombra de los antepasados absortos en sus redes. Pienso en Machado y lo comprendo: solo y desnudo, como los marineros, andaré ese pasillo y golpearé a esa puerta.

Gregorio A. Echeverría Vidal
EL TALAR (Argentina)
(I Antología pág. 15)

martes, 9 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2007: SALENTO

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Primer Premio de la Antología 2007:

 SALENTO

El aire es de alambre.
Es una alambrada.
Aquí respiro granos de arena.
Poética del aliento.
Sabes que te quiero y no sé cómo,
ni cuánto o hasta dónde llegará
este impúdico amarte que incendia cada segundo,
calcina cada milésima de vida...
Llueve en la punta de la llama.
Llueve brea hirviente en mi pecho negro.
Llueve en mi boca abierta al cielo gris,
y las gotas silencian la hoguera que enciende tu nombre
en el oscuro invierno de mi garganta.
El aire es una alambrada, sí,
pero no conoces la fortaleza de mi espíritu
y el dolor que me subyuga
es el dolor de la miel consagrada a tu vientre.
Es el dolor curtiente de la alegría
desbrozando los sobrios humedales de la esperanza.
Aquí. En Salento.


Damián Herrera Cuesta
OVIEDO (Asturias)
(I Antología pág. 13)

lunes, 8 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2013: Y YO A TI

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 Y YO A TI

Paseando por los recodos de mi memoria, me he topado
con uno de esos recuerdos que rescatan una emoción profunda
y sellada en mi corazón.

Era septiembre. Recostada y algo adormilada,
disfrutaba del silencio de la mañana cuando, ¡de repente!,
una suavísima presión desde el interior de mi barriga dibujó
una sensación tan dulce como la del beso de un pez
cuando tienes los pies en el agua del mar
o la del roce de una mariposa en el hombro…

Desde entonces, hemos sido cómplices
de una hermosa e indestructible historia de amor que,
aunque revivida durante siglos por la humanidad,
se erige única con cada nuevo ser.

Es marzo, ocho años después. Hoy, me has dibujado y recortado
un corazón de papel pintado de rojo y naranja, donde has escrito:
“Te quiero, mami. Te quiero que ni te lo imaginas tú”.

Inés Leal
Licenciada en Derecho
PUERTO DE SANTA MARÍA (Cádiz)
(VII Antología pág. 309)



viernes, 5 de septiembre de 2014

ANTOLOGÍA 2013: VARIACIONES

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 VARIACIONES

Debajo de las sábanas, con los ojos cerrados, podía escuchar
el sonido de la lluvia al caer. Podía distinguir los diferentes objetos
que había en el balcón, incluso creía escuchar las gotas
sobre las hojas de los árboles. No había una lógica a seguir.
Cada compás era uno nuevo, con desigual tiempo, escala y armonía.
En aquel preciso instante comprendí que la lluvia había sido
la primera música que había escuchado el hombre
y deduje también que sería el último canto… entonces me levanté
de un salto, abrí la ventanas, y por supuesto, aplaudí.

Andrea Segura Olavarría
Licenciada en Dirección Escénica y Dramaturgia
BARCELONA
(VII Antología pág. 307)